Las “cátedras libertarias”, organizadas por la Red Libertaria Popular Mateo Kramer, son un lugar de manifestación, un espacio común creado con la intención de hacer visible aquello que no lo era, un territorio donde los asistentes nos revelamos a través del uso de la palabra y del debate. Nosotras y nosotros, que conformamos la Red, queremos establecer las condiciones para que, una vez por mes, nos encontremos a dialogar sobre anarquismo, a continuar en nuestro proceso de autoformación política y a cualificar el discurso del movimiento libertario del que hacemos parte.
Para el primer semestre de 2009 se proyectaron la realización de tres cátedras, de las cuales hasta la fecha se han realizado sólo dos. La cátedra faltante, titulada “reflexiones sobre el anarquismo”, se realizará el 29 de mayo en el edificio de posgrados de ciencias humanas de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, y contará con una ponencia del profesor Leopoldo Múnera. A continuación se presentarán las reseñas de las primeras dos cátedras libertarias realizadas.
PRIMERA CÁTEDRA LIBERTARIA: “LA NEGATIVIDAD DE LA NOCIÓN DE PLURALISMO O PLURALISMO LIBERTARIO”
El pasado viernes 27 de marzo de 2009 dimos inicio a la primera “Cátedra Libertaria”. A las 6 de la tarde, la sala 2-309 del Edificio Fernando Barón de la Universidad Javeriana estaba completamente llena y varias caras expectantes –de estudiantes, profesores, jóvenes rebeldes, anarquistas viejos y nuevos– esperaban el comienzo del evento. Un compañero del colectivo RESMA, perteneciente a la Red Libertaria Popular Mateo Kramer, fue el encargado de moderar y pronunciar algunas palabras preliminares de saludo y presentación. Seguidamente, con notoria emoción y habilidad discursiva, el ponente del CILEP comenzó su exposición sobre “Acción Directa Popular”.
Inicialmente, el ponente se detuvo en una cita de Néstor Makhno, que funcionó como un bien escogido epígrafe a la presentación. Se resaltó que para Makhno el anarquismo surge de la lucha de clases y que puede ser definido como “la idea de la negación total de un sistema social basado en los principios del Estado y de las clases, y su reemplazo por una sociedad libre y no estatista de trabajadores en autogobierno”. Además, el anarquismo no se deriva de las reflexiones abstractas de intelectuales, sino de la lucha directa del pueblo. Después de esta pequeña introducción, el ponente justificó que es importante hablar de la Acción Directa Popular, ya que por medio de ella se reconoce la inmensa capacidad de autoorganización de las personas, se enlaza la espontaneidad con la organización, se desafía la burocracia, la delegación y el verticalismo y, finalmente, se pone de manifiesto que las revoluciones la hacen los pueblos con o sin el permiso de los revolucionarios.
Los siguientes momentos de la charla giraron alrededor de un análisis minucioso de cada uno de los términos que conforman la “Acción Directa Popular”. Acción se definió como una praxis creadora que genera cambios y que, por tanto, se muestra como un nuevo comienzo. Esta praxis se torna directa cuando al ir de un punto a otro no se detiene en el medio y, de esta forma, rechaza cualquier tipo de intermediación. Es el agente mismo el que realiza la acción y no necesita de terceros para ejercer su actividad. Por último, esa acción directa se torna popular una vez se ejerce dentro de la lucha de clases y se vuelve en una herramienta política en manos de los explotados. Para terminar, el ponente resaltó que la “Acción Directa Popular” es una táctica de lucha que fue inventada en Latinoamérica, específicamente por la Federación Anarquista Uruguaya, y que adquirió su desarrollo en la compenetración entre el anarquismo y las luchas populares. Este tipo de acción directa le permite a los libertarios y a las libertarias luchar como pueblo con la voluntad de agitar y propagar, pero no de dirigir.
Enseguida, la profesora Alejandra Ríos, investigadora asociada del CILEP y profesora de la Universidad de Antioquia, tomó la palabra y presentó una ponencia muy interesante sobre el pluralismo libertario. A través de una fluida lectura, complementada en ocasiones con algunos comentarios, Alejandra procedió a resaltar que el pluralismo moderno usualmente se aborda desde la defensa que los Estados democráticos liberales hacen de la diversidad social y cultural a través una estructura jurídica que protege los derechos de las individualidades. Frente a esto, Alejandra exploró un aspecto del pluralismo que va más allá de la defensa del mismo por parte de la mencionada democracia liberal y que, aunque hace parte del debate moderno, ha sido frecuentemente eludido. Este aspecto es la negatividad, entendida como la radical sustracción a la formas de Estado. Alejandra sostuvo que el elemento negativo del pluralismo nos permite pensar que éste es sobre todo una ausencia, un movimiento que evade la mediación que el estado y el derecho pretenden realizar para objetivar la multiplicidad social. Por eso, la ponente intentó mostrar que en todo ordenamiento jurídico y estatal, el pluralismo pierde su esencial carácter negativo. Carácter que, por otro lado, sí se hace presente y se expresa a cabalidad en la teoría anarquista. De este modo, Alejandra señaló que el anarquismo, entendido literalmente como la ausencia de fundamento último y políticamente como la ausencia de gobierno, huye a toda objetivación y tematización. El anarquismo se define precisamente a partir de su constante estar en movimiento y por su posibilidad infinita de re-creación y, por tanto, evade cualquier intento de positivización. Esta definición del anarquismo, apoyada en pensadores tan variados como Bakunin, Stirner y Rocker, le permitió a la ponente hacer una defensa libertaria de la negatividad de la noción del pluralismo.
Después de la intervención de los dos ponentes, se les dio la palabra a los y las asistentes. Las intervenciones no fueron en su mayoría preguntas, sino comentarios que versaron sobre temas que intentaban recoger lo expuesto en las dos ponencias o, incluso, ir más allá de ellas. Siendo así, se produjo un rico diálogo sobre diversos temas anarquistas, confirmando que la cátedra libertaria debe ser un espacio para la confrontación pública de las opiniones.
SEGUNDA CÁTEDRA LIBERTARIA: “ANARQUISMO Y ORGANIZACIÓN”
El 24 de abril de 2009, ante un auditorio de la Universidad Nacional de Colombia abarrotado de personas, la segunda cátedra libertaria inició presentando un video sobre la forma como los medios masivos de comunicación (nacionales y algunos internacionales) reportaron el tema de los falsos positivos, es decir, la problemática del asesinato de jóvenes de barrios populares por parte de las fuerzas armadas colombianas para presentarlos ante la opinión pública como terroristas dados de baja en combate. Como complemento de esta actividad introductoria, el colectivo ESPORA realizó algunas reflexiones sobre el tema, resaltando que este tipo de acciones son resultado de una política y un gobierno guerrerista, que mide su éxito por el número de muertos generados, y que estos casos no pueden entenderse como eventos aislados, sino como consecuencia de causas socioeconómicas y políticas estructurales y de una (para)política reaccionaria promovida por el actual gobierno.
Posteriormente el profesor de ciencias políticas Andre-Noël trató el tema de la organización dentro del movimiento anarquista. Partiendo de la convencional (pero no necesariamente acertada) idea del anarquista como un actor promotor del desorden o como un sujeto desorganizado, se resaltó el criterio organizativo como un principio constitutivo dentro del anarquismo. Para avanzar en esta idea, el expositor se remontó a tres momentos: el primero el anarquismo clásico (Proudhon, Bakunin, Kropotkin), el segundo el anarcosindicalismo y el tercero la revolución rusa (Volin, Makhno).
Primer momento. Acudiendo a los clásicos referentes anarquistas del movimiento europeo, el expositor afirmó que en tales procesos no hubo presencia de tintes individualistas dentro del movimiento libertario; como posteriormente sí los tuvo. Tratando de aclarar los conceptos “anarquista” y “libertario”, se hizo mención que éstos, bajo una perspectiva histórica, se han utilizado como palabras sinónimas, ya que hacen referencia a la misma intensión de cambio social de estructuras verticales y autoritarias, pero por diferentes razones en las últimas décadas se han diferenciado.
Entrando en el tema como tal, se mencionó que la organización dentro del anarquismo resulta vital ya que por medio de ésta se proyecta la sociedad futura. Siguiendo a Proudhon, la organización anarquista busca configurar la sociedad de abajo para arriba, de tal forma que se rechaza la organización social de las élites donde se mantienen ciertos privilegios para un sector minoritario. Así, Proudhon introdujo el concepto de federalismo, entendiéndolo como una forma de organización social basada en la asociación de productores en busca del beneficio mutuo. De esta forma, el expositor dio a entender que este revolucionario francés propuso las bases para avanzar en una lógica de producción cooperativa, y si bien confiaba en una visión “naturalista” de la organización donde las asociaciones emergían de forma espontánea según afinidades e intereses, en todo caso estaba interesado y motivado por pensar, trabajar y avanzar en estrategias organizativas dentro de un nuevo orden social.
En este mismo sentido, se hizo mención que para otro de los grandes anarquistas clásicos como Mijail Bakunin, la organización era un asunto crucial, no sólo porque este ruso rechazaba cualquier tipo de representación política al abogar por la mínima delegación, sino porque en gran parte la ruptura en la Primera Internacional entre éste y Marx, puede entenderse como una diferencia radical entre los métodos organizativos promulgados por cada uno de ellos, lo que llevó a que se realizara en Suiza el primer Congreso Antiautoritario en oposición al llamado centralista de la Primera Internacional. Según el profesor Andre-Noël, a pesar de que sólo asistieron 15 personas a dicho Congreso, incluyendo Bakunin, Malatesta y otros personajes de Francia, España y Suiza, éste puede considerarse como la primera organización anarquista propiamente dicha.
Uno de los orígenes del anarquismo como acción individual aislada y directa, puede rastrearse en la idea de la “propaganda por el hecho” que, entre otros personajes, fue apoyada por el ruso Kropotkin. Este concepto apareció en un momento de intensa actividad revolucionaria en Europa y procuró incitar la revolución social por medio de acciones directas y violentas por parte de algunos anarquistas. Según el expositor, este hecho alimentó la idea del anarquismo como expresión violenta e ilegal del movimiento social. Sin embargo, resaltó que el mismo Kropotkin terminó señalando que la propaganda por el hecho no era una estrategia beneficiosa para el anarquismo, pues termina ensimismándolo y aislándolo de las demás expresiones de cambio social. Esta idea fue reforzada por el anarquista Rudolf Rocker, quien en su momento señaló las dificultades que traía consigo las formas organizativas del anarquismo basadas únicamente en el individualismo y las acciones violentas.
Finalmente, se hizo énfasis en los contraproducentes efectos que han traído las intensas represiones sociales (como la acontecida de forma posterior a la Comuna de París) en el fortalecimiento –e incluso en la propia existencia– de organizaciones socialistas en general, y anarquistas en particular. Se plantea la idea que quizás el anarquismo individualista aparece como respuesta a toda esta oleada de fuerte represión institucional sobre las organizaciones.
Segundo momento. Está caracterizado por la emergencia del sindicalismo revolucionario como una forma de lucha social sin necesidad de recurrir a mediaciones. A fines del siglo XIX e inicios del XX se acudió, entonces, a utilizar herramientas de la huelga general para exigir y generar cambios estructurales.
Dentro de este escenario, el anarcosindicalismo apareció como una forma organizativa de lucha en busca de la revolución social, pero también como una expresión de prefiguración actual de la sociedad futura. No obstante, según Andre-Noël, esta forma de organización no estuvo exenta de críticas, incluso Malatesta, un anarquista italiano fuertemente influenciado por las expresiones insurreccionalistas de su país, criticó fuertemente el anarcosindicalismo, llamando la atención de que el sindicato no era la única expresión social de lucha ni la única táctica organizativa dentro del anarquismo, por el contrario, consideraba que existían otras tantas manifestaciones libertarias que, bajo la mirada anarcosindicalista, eran opacadas.
Tercer momento. El expositor resaltó el espíritu anarquista existente en la organización de los soviets dentro de la primera revolución rusa (1905). Volin, por ejemplo, creó el primer soviet de clara inspiración anarquista y, posteriormente, dos revolucionarios anarquistas como lo fueron Makhno y Archinov, organizaron una plataforma desde la cual se redactaron documentos y manifiestos sobre comunismo libertario, anarcocomunismo o anarcobolchevismo, tratando de resaltar las particulares formas organizativas anarquistas dentro del proceso revolucionario ruso de 1917.
En síntesis, si bien se reconoció que la tensión entre un anarquismo individualista y otro organizado (aceptando tal antagonismo) es un asunto latente, esta segunda cátedra pretendió resaltar el carácter organizativo del anarquismo desde sus propias referencias clásicas europeas, dando a entender que en los principales eventos revolucionarios donde el anarquismo ha tenido una activa participación, la organización social ha sido y sigue siendo un tema de preocupación dentro del propio movimiento, pues en sí mismo ésta busca plasmar la sociedad por la que se lucha, pero también pretenden encontrar espacios de coordinación con otras expresiones de lucha que igualmente pretenden transformar la sociedad.
Anarquismo y Organización
Relatoría de la Segunda Cátedra Libertaria, a cargo del profesor Andre-Noël Roth
Colectivo SinNombre
La segunda sesión de la Cátedra Libertaria, llevada a cabo durante la tarde y noche del 24 de abril, reunió a muchas personas que buscaban encontrar herramientas libertarias y organizativas. Precisamente, la Cátedra tuvo su conferencia principal a cargo del profesor Andre-Noël Roth, quien hizo un recuento histórico de los grandes hitos organizativos del anarquismo en Europa.
Antes de la intervención del profesor Roth, se proyectó un video sobre los falsos positivos considerados desde un análisis de los medios de comunicación oficiales, teniendo en cuenta que ni siquiera estos medios, tradicionalmente alineados con las formas hegemónicas de poder, han podido negar la profundidad y la extensión de esta práctica macabra de las fuerzas militares.
Sobre todo, se resaltó que la lógica guerrerista ha derivado en una cuantificación de los resultados del conflicto a partir de los dados de baja por el ejército y la policía. Es en esa lógica en la que han caído muchos inocentes, atrapados por fuerzas que superan a las suyas y que quitan sus vidas para presentar más resultados y reforzar la imagen de que el conflicto se está ganando.
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El profesor Roth inició haciendo una consideración sobre los recurrentes mitos sobre el “anarquista desorganizado”, y de cómo el pensamiento anarquista y la organización no parecen congeniables a simple vista. Esto supone que al pensamiento anarquista se le carga con un carácter destructivo más que constructivo.
Sin embargo, se traza el objetivo de desmentir estas visiones tradicionales y poco profundas, y construir históricamente una perspectiva que considere las formas de organización anarquista que tuvieron particular fuerza durante el siglo XX. En ese sentido, los elementos de la autogestión y la autoorganización surgen como factores fundamentales para la comprensión de cualquier forma de organización.
Antes de empezar esta revisión histórica, se hace otra anotación que vale la pena resaltar: aunque se ha hecho una división entre lo libertario y lo anarquista, esta dicotomía no es más que una falacia. Se le ha dado un carácter perverso a lo que se llama anarquista, y resaltando lo libertario, sobre todo en el campo de las luchas contraculturales. Pero ambas cosas son lo mismo: lo libertario es anarquista, y lo anarquista es libertario, y su separación sólo es una expresión de lógicas burguesas que intentan, de esa forma, condenar al anarquismo desde el inicio.
Anarquismo y organización
La organización anarquista debe reflejar las lógicas propias y autónomas de liberación de la clase obrera, y de todas las clases oprimidas en general. Incluso Marx reconoció que la emancipación de los trabajadores será obra de ellos mismos y, en ese sentido, lo que se busca es la construcción de procesos autogestionados de organización que deriven en la constitución de la identidad libertaria.
Sobre todo, no se deben caer en las formas vanguardistas propias del marxismo-leninismo, pues eso supone el desconocimiento de la capacidad de las clases para forjar su propia identidad y construir procesos de liberación en donde todos participen.
Se proponen, entonces, algunos hitos históricos sobre las concepciones del pensamiento libertario y sus formas de organización.
1. Proudhon y la teoría anarquista clásica
La propuesta de Proudhon, emanada de las luchas sociales posteriores a la Revolución Francesa, es la de un anarquismo no individualista, en el que la organización busca hacer una consideración de cómo construir una sociedad futura que no caiga en la simplicidad de las formas de democracia electoral, que no son sino una reivindicación de una élite burguesa para afianzar su dominio sobre la sociedad.
Además, en esa forma social futura se necesita romper con las lógicas organizativas verticales de arriba hacia abajo, y permitir formas de abajo hacia arriba que deriven en un desarrollo natural de la sociedad. Se plantean, en ese sentido, dos elementos para una sociedad libertaria, que resumen parte del trabajo teórico precedente a Proudhon: el federalismo, por un lado, como la manera por excelencia de aunar las formas de gestión de la sociedad y establecer lógicas de producción cooperativa; y el mutualismo, por otro lado, como factor esencial de la ayuda mutua y como elemento constitutivo de mecanismos de seguridad social. Lo que estos dos elementos buscan, en últimas, es construir una vida pública compartida y construida por toda la sociedad.
2. Bakunin y la espontaneidad
Bakunin hereda de Proudhon el rechazo a la representación de todo tipo en las estructuras sociales, pues genera una lógica de reproducción de la dominación con la que se pretende acabar. Es por eso que afirma la espontaneidad de la organización de los trabajadores y de su gestión de la vida en común.
Estas tesis sobre la autogestión se ven validadas durante la Comuna de Paris (1871), en donde la organización tradicional del movimiento obrero se ve desbordada por completo. Gracias a esto, estas tesis ganan un nuevo aire en el espacio de la Internacional Socialista. Sin embargo, la derrota de la Comuna y la ruptura con Marx alrededor de la cuestión organizativa en 1872, y el posterior derrumbe de la Internacional, las ideas de Bakunin quedan relegadas frente a las ideas marxistas.
Los exiliados franceses de la Comuna llegaron a Suiza, en donde formaron pequeñas comunidades en donde establecieron procesos organizativos autónomos y autogestionados. Es allí, en estas pequeñas comunidades en los Alpes suizos, en donde se establece el Congreso de la Internacional Antiautoritaria, en donde se da un claro rechazo a las formas de organización centralistas derivadas de la Primera Internacional. Allí se establece un pacto de solidaridad y defensa mutua entre las comunidades, agrupadas con un carácter federativo propio de las ideas de Proudhon.
3. Kropotkin y Malatesta
Después de la derrota de la Comuna y la expulsión de Bakunin de la Internacional, dentro del movimiento anarquista reina una sensación de fatalismo. Sin embargo, poco a poco se genera un sentimiento de optimismo dentro las fuerzas libertarias frente a las posibilidades de revolución social.
Frente a la preponderancia que había ganado el socialismo, el movimiento anarquista responde con formas de trabajo en pequeñas localidades, y con una reivindicación de formas violentas, y de las prácticas ilegales en general, para generar rompimientos frente a los sistemas políticos hegemónicos.
Paralelamente surgen las figuras de Kropotkin y Malatesta como los referentes del anarquismo en esos años. Mientras el primero afirmaba la importancia de la construcción de vínculos de ayuda mutua y de solidaridad, el segundo comenzó a trabajar en la organización de pequeñas comunidades y entabló vínculos con el movimiento sindical.
El trabajo con el movimiento sindical en primer momento amplió el alcance de la organización libertaria, pero posteriormente empezó un distanciamiento, debido al acaparamiento de las luchas sociales por parte del sindicalismo. Se reconocieron, entonces, nuevas luchas sociales que revitalizaron al anarquismo y que le brindaron nuevas fuentes de luchas y organización.
También se dieron algunos intentos de participación en ámbitos electorales. Sin embargo, la fuerza que había adquirido la social-democracia, junto con las campañas de desprestigio iniciadas por estos movimientos y partidos, condenaron al fracaso a las iniciativas anarquistas que buscaron cargos de elección.
4. El Anarquismo en el siglo XX: Victorias y derrotas
Desde la Revolución Rusa de 1905 la organización política rusa se ve desbordada, con la aparición de los primeros soviets creados por anarquistas. Hasta 1917, año de la Revolución Bolchevique, los soviets se multiplican bajo la lógica del trabajo autogestionado. Sin embargo, la coordinación regional entre cada consejo se dificulta, y eso hace que se den formas centralizadas de organización que culminaron en un gran partido dirigido desde una élite.
La Revolución Rusa deja una gran impronta en los movimientos anarquistas: mostró cómo no hacer una revolución. Sin embargo, la fallida organización anarquista en Rusia se considera una de las grandes derrotas en los primeros años del siglo XX para el movimiento libertario.
Las otras tres derrotas fueron: Alemania, que contaba con grandes perspectivas para consolidar una revolución, pero que tuvo una fortísima represión por parte del Estado; Italia, en donde tampoco se pudo consolidar un movimiento anarquista fuerte pese a la gran difusión que tuvo; y España, que luego de la Guerra Civil vio caer sus esperanzas de una nueva sociedad en 1939.
El caso español trajo al movimiento anarquista una nueva problemática: la importancia de la organización en situaciones de guerra civil como única forma de garantizar no ser aplastado por el Estado. Esto supone, además, una coordinación entre las distintas federaciones para asegurar la cohesión del movimiento. Sin embargo, las distintas posturas organizativas del movimiento libertario derivaron en su división.
Esta derrota fue particularmente fuerte en dos sentidos. En primer lugar, teniendo en cuenta la fuerte represión que se desencadenó tras la Guerra Civil, el movimiento libertario se desarticuló significativamente. En segundo lugar, España siempre fue considerada como un modelo de organización anarquista. La CNT, por ejemplo, como la organización sindical más fuerte de España, llegó a tener más de 500.000 miembros, y su derrota supuso un cuestionamiento a las formas precedentes de organización.
Es por eso que en las formas contemporáneas de organización, posteriores al mayo francés de 1968, se ha buscado retomar los modelos de autogestión y de combate en pequeñas comunidades. Además, se han dado intentos para penetrar nuevamente dentro del movimiento obrero y generar procesos autónomos dentro de estas fuerzas sociales.
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A modo de conclusión, se cerró con una gran idea que resume la historia de las formas organizativas del movimiento libertario: teniendo en cuenta que el anarquista no pretende dirigir movimientos ni fuerzas sociales, sino difundir una cultura de autoemancipación, el movimiento anarquista no tiene un gran protagonismo como líder de las luchas sociales. El pensamiento libertario sirve más como una herramienta de lucha y organización, más que como la condición para la constitución de una vanguardia que dirija las luchas sociales.
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Para finalizar la Cátedra, se dio paso a una breve sección de preguntas, en donde, en un primer momento, se resaltó la figura del Subcomandante Marcos como una figura que busca impulsar el estudio de los procesos de revolución social propios de Latinoamérica, apoyando procesos de autogestión. Además, se le caracterizó como un personaje con una gran sensibilidad libertaria.
Frente a una pregunta sobre el papel de la lucha armada y el papel de la organización, el profesor Roth afirmó que este punto es una de las cuestiones fundamentales en la definición de la identidad de un movimiento anarquista. Sin embargo, esto no significa, según Roth, un apoyo a la lucha armada en Colombia, pues ningún movimiento alzado en armas tiene un carácter anarquista. Sobre todo, hay que reconocer que son condiciones sociales específicas las que derivan en la constitución de un carácter violento dentro de algunos movimientos anarquistas, como forma de promover la insurrección. Son los medios usados por el movimiento los que prefiguran y constituyen sus fines.
Se recuperó de Proudhon la idea de la anarquía como extremo del progreso político. Esto supone la existencia de un camino a recorrer para la puesta en marcha de transformaciones políticas y sociales. En ese sentido, se debe pensar lo que es la política libertaria, y enfocarse en el impulso a la autogestión de los movimientos sociales.
La importancia de la autogestión y la organización es, al mismo tiempo, una crítica a la idea del inmediatismo político. La propuesta política anarquista obedece a condiciones específicas de su época, que determina su alcance político y social. A pesar de estas particularidades, permanece la idea de lo fundamental que es el apoyo a la autonomía y el impulso a la emancipación. Además, esto le da al anarquismo la capacidad de reinventarse históricamente a partir de circunstancias específicas.
Finalmente, retomando su reflexión inicial sobre la dicotomía entre lo anarquista y lo libertario, se afirma que la idea de lo libertario, y de la libertad en general, resulta bastante difusa. Esta indeterminación, además, es una expresión del fracaso del modelo organizativo centralizado. La idea supone, más bien, una multiplicidad de libertades superpuestas, y no una libertad segmentada alrededor de los individuos. En últimas, las libertades se ejercen en la medida en que se impulsen los modelos de autonomía y autogestión.